jueves, 23 de agosto de 2012

Contradicciones

Desperté bañada en sudor, asustada. El ver que me encontraba en mi cuarto me dio tranquilidad
  Bajé a la cocina buscando a mi madre o a mi hermana, me encontré con una nota pegada en la heladera:

   Nos fuimos a lo de la Tía Elsa, no te olvides de ordenar tus cosas antes de salir.

   Era común encontrarme con ese tipo de notas, de hecho me encantaba que las de dejaran, significaba que no tendría que cruzarme con ellas ni escuchar los sermones de mi madre, ni las quejas de mi hermana. En aquel momento ellas eran muy unidas, parecían indisociables, o estaban las dos o no estaba ninguna, opinaban igual  y vivían dándome órdenes sobre lo que debía o no hacer.
   No comprendía a mi hermana, como podía pasar tanto tiempo con aquella mujer, yo no soportaba ni cruzármela quince minutos al día, por esa misma razón me la pasaba lejos de casa, la mayoría de las veces ni siquiera iba a dormir, solía quedarme en lo de Nadina, evidentemente a ellas no les importaba demasiado mi actitud indiferente.
   Abrí la heladera buscando algo fresco, como de costumbre estaba vacía. Mi cabeza parecía partirse en dos, el dolor era realmente desagradable y tenía muchas ganas de vomitar. Me tome una aspirina y volví a acostarme. Dormir me resulto imposible, las imágenes de la noche anterior empezaron a rondar en mi mente. Poco a poco fui recordando, tragos, gente, amigas, chico pálido. Y ahí me detuve, mi corazón comenzó a palpitar fuertemente,  recordé aquella  mano sobre la mía. La mano de Simone. Quise desviar mi pensamiento y no recordar mis sentimientos de aquella noche. Me dije a mi misma que era imposible, absurdo  el hecho de que me guste esa chica. Seguramente el alcohol había alterado mi pensar, era la primera vez que bebía en esa forma y me alcoholizaba. Probablemente era una especie de admiración, ¿gustarme una mujer?, eso era improbable, de hecho me había ido con Pedro.
   Me recuerdo en la soledad de mi cuarto, avergonzada por mis pensamientos, queriendo huir, borrar todo lo que había pasado, intenté olvidar, solo conseguí dar vueltas en la cama, no había forma  de lograr dormir. Decidí levantarme, y darme un baño.  Luego tomé el libro que estaba bajo mi almohada y salí de la casa.    

domingo, 19 de agosto de 2012

De peces que quieren ser aves

  
Pedro me acompaño hasta la puerta, sonrió y se marcho sin decir palabra. Cansada me deje caer en la cama, sin secarme ni quitarme la ropa.

   Brunella navega, navega sobre su barquito de papel.
   El timón es pesado y el mar amenaza con volcar la embarcación.
   Solo oye la tempestad y siente las pesadas gotas sobre su cara
   Quiere girar el timón,
   quiere alejarse de su tormenta.
   El barco esta varado,
   Brunella intenta luchar, todo parece imposible.
   Dispuesta a vencerse mira hacia el cielo
   y se pregunta ¿por que?.
  ¿Por qué está detenida?
   El cielo es de un gris oscuro
   y en ese cielo oscuro
   solo hay un ave,
   vuela dando giros sobre el barco
   Brunella solo quiere ser  pájaro.

viernes, 17 de agosto de 2012

Dejame ser niña una niña una vez más

   Permanecimos tomadas de la mano unos pocos segundos, pero ese pequeño momento se multiplicó  en lo profundo de mí ser hasta alcanzar el infinito.
   Ella solo me miraba y sonreía, su rostro era calmo y sereno, como el mar en verano cuando amanece. Yo en cambio temblaba,  nerviosa e insegura, sin embargo esa energía que se movilizaba  en mi interior hacía que me sintiera realmente bien.
   Esa magia pronto se desvaneció,  sin decir nada Simone me soltó. Se dirigió hacia el chico con el que había llegado, le dijo algo en el oído, se rieron y luego se fueron del lugar.
   Yo me quede perpleja, muda, sin comprender la situación. Esa sensación de conexión que minutos atrás había sentido entre nosotras, parecía ahora muy lejana. Simone solo se burlaba de mí.   
   Camine hacia la puerta, buscando soluciones  para llegar a mi casa, había gastado el poco dinero que tenía en unos tragos, debería caminar. Estaba absorta en mis pensamientos, cuando tocaron mi espalda, era el chico de cara blanca con el que había bailado toda la noche.
       - Yo te acompaño- dijo sonriente y me tomo de la mano.
  Salimos del lugar, la lluvia había empeorado y el frío de la costa se hacía sentir en la piel y los huesos. El mar se mostraba revoltoso, el viejo muelle  parecía una estructura de cartón a punto de disolverse entre la tempestad y las olas.
    Abrazados corrimos hasta la parada de taxis, tomamos uno y respiramos aliviados. Íbamos silenciosos en el interior de ese coche viejo, yo pensaba en Simone, cuando me interrumpieron.
-          No nos presentamos- me dijo mi compañero de baile sentado ahora a mi costado.
-          Brunella, que extraño, bailar toda la noche con un extraño, tomar un taxi, y no saber ni el nombre, como para que se enteren mis padres.
-          Yo soy Pedro.
Pedro comenzó a revisar entre sus bolsillos, y con cara preocupada dijo:
-          Perdí la billetera en el bar, no tengo plata para pagarle al taxista
-          ¿Cómo que perdiste la billetera? yo no tengo un peso.
El taxista que estaba escuchando la conversación, inmediatamente frenó el auto y nos obligo a bajarnos.  La lluvia continuaba, pero el viento y el frío eran menores que en la costa. Empezamos a caminar, yo maldecía en mi interior y me lamentaba por haberme alejado de mis amigas. Pedro en cambio parecía tranquilo, se mostraba sonriente, me miró me tomo de la mano nuevamente y comenzó a correr. Luego de dos cuadras llegamos a una plaza, solo tenía dos hamacas y un tobogán, nos sentamos en las hamacas y empezamos a reírnos, era tan hermoso sentir la lluvia sobre mí,  lo ridículo de la escena generaba en mí una diversión que hacía mucho no experimentaba. Mientras me balanceaba en aquella tormenta volví a sentir en mi a aquella pequeña niña, si... ella aún vivia en mi interior.