Desperté bañada en sudor, asustada. El ver que me encontraba en mi cuarto me dio tranquilidad
Bajé a la cocina buscando a mi madre o a mi hermana, me encontré con una nota pegada en la heladera:
Nos fuimos a lo de la Tía Elsa, no te olvides de ordenar tus cosas antes de salir.
Era común encontrarme con ese tipo de notas, de hecho me encantaba que las de dejaran, significaba que no tendría que cruzarme con ellas ni escuchar los sermones de mi madre, ni las quejas de mi hermana. En aquel momento ellas eran muy unidas, parecían indisociables, o estaban las dos o no estaba ninguna, opinaban igual y vivían dándome órdenes sobre lo que debía o no hacer.
No comprendía a mi hermana, como podía pasar tanto tiempo con aquella mujer, yo no soportaba ni cruzármela quince minutos al día, por esa misma razón me la pasaba lejos de casa, la mayoría de las veces ni siquiera iba a dormir, solía quedarme en lo de Nadina, evidentemente a ellas no les importaba demasiado mi actitud indiferente.
Abrí la heladera buscando algo fresco, como de costumbre estaba vacía. Mi cabeza parecía partirse en dos, el dolor era realmente desagradable y tenía muchas ganas de vomitar. Me tome una aspirina y volví a acostarme. Dormir me resulto imposible, las imágenes de la noche anterior empezaron a rondar en mi mente. Poco a poco fui recordando, tragos, gente, amigas, chico pálido. Y ahí me detuve, mi corazón comenzó a palpitar fuertemente, recordé aquella mano sobre la mía. La mano de Simone. Quise desviar mi pensamiento y no recordar mis sentimientos de aquella noche. Me dije a mi misma que era imposible, absurdo el hecho de que me guste esa chica. Seguramente el alcohol había alterado mi pensar, era la primera vez que bebía en esa forma y me alcoholizaba. Probablemente era una especie de admiración, ¿gustarme una mujer?, eso era improbable, de hecho me había ido con Pedro.
Me recuerdo en la soledad de mi cuarto, avergonzada por mis pensamientos, queriendo huir, borrar todo lo que había pasado, intenté olvidar, solo conseguí dar vueltas en la cama, no había forma de lograr dormir. Decidí levantarme, y darme un baño. Luego tomé el libro que estaba bajo mi almohada y salí de la casa.

