jueves, 10 de enero de 2013

   A pesar de la lastimadura el canino era veloz, sus patas, cortas pero agiles, saltaban  arbustos y troncos, yo en cambio, más bien pesada y lenta  seguía  su paso con dificultad. Ya no estaba segura de si trataba de ayudarlo o era solo un empecinamiento en alcanzarlo. Por aquella época solía obstinarme en las acciones olvidando muchas veces los fines por las cuales las había emprendido.
   Cuando estaba a punto de caer por falta de aire y fuerzas, lo vi ingresar a través de un hueco en una pared en un pequeño edificio de estructura triangular escondido tras unos árboles. Sobre las paredes crecía una gran enredadera que hacía pasar el lugar desapercibido a la distancia. Parecía una casa encantada, similar a las que aparecían en los cuentos de mi niñez.
   Como era delgada yo también logré pasar a través del hueco, pero una vez en el lugar una sensación de angustia subió desde mi estomago hasta  mi garganta.
   ¿Qué hacía en aquel lugar? ¿Porque había insistido en seguir a aquel animal que poco parecía necesitar de mi. Me senté entre unos escombros dudando, quería conocer el resto del lugar, pero sentía miedo, ahí comprendí que el animalito indefenso era yo, pequeña, sin fuerzas, temerosa.  En vano era intentar conseguir compañía de un perro, no era la primera vez que me mentía, fingiendo ayudar a alguien lo único que en realidad buscaba era ayudarme a mí misma. En la oscuridad comencé a llorar, sentí que aquella tristeza infinita, que se había acumulado durante mucho tiempo en mi interior comenzaba a salir poco a poco con cada lágrima que dejaba ir.

jueves, 6 de diciembre de 2012

La colina

   Camine un buen rato, hasta una plaza que se encontraba sobre una colina, en las afueras de la ciudad. Aquel sitio me ofrecía una visión absoluta del lugar, me hacía sentir distante del resto, observaba todo desde las alturas, la gente se veía tan pequeña. Imaginaba sus vidas, sus proyectos, sus dificultades, pensaba que las personas eran solo eso, una minúscula parcela en el universo.  Luego me veía a mí misma caminando sobre esas callecitas, con mí cabeza ocupándose de mil cosas, siempre en aquel lugar llegaba a la misma conclusión: me daba demasiada importancia.  Tal vez era esa la razón por la cual subía hasta allí, necesitaba quitarme esa insoportable pesadez que a veces me abatía.
   Me senté en una roca y comencé a leer, me  encontraba en la parte más atrapante de aquel libro, cuando un sollozo agudo y casi imperceptible me interrumpió. Parecía lejano, provendría de alguna de las pocas casas habitadas de la zona, intenté continuar leyendo, pero el sonido se hizo más fuerte y me empecé a incomodar. Caminé bastante tiempo hasta llegar al lugar, desde cerca pude escuchar más claramente, era el quejido de un animal. La zona era  rocosa, y con grandes pastizales, estuve buscando entre los arbustos largo tiempo, hasta que lo encontré. Era un pequeño perro que había quedado atrapado en un hueco entre dos rocas, pegaba grandes saltos intentando salir de la trampa en la que había caído. Sus ojos eran grandes, me miraba fijo implorando ayuda, me conmovió su actitud tan necesitada. De un salto entre en el hueco, lo tome entre mis manos y lo arroje hacia la superficie, luego sin mucho esfuerzo, pude escalar y salir yo también de allí.
   Cuando salí, el canino ya no estaba,  vi que caminaba con una pata lastimada hacia una capilla abandonada que se encontraba frente a la plaza. Empezaba a oscurecer, pero me dije que sería muy cruel dejarlo en ese estado, ese animal necesitaba ayuda.      

lunes, 10 de septiembre de 2012

Carta a un viajero

Querido Marco:
 Estoy preocupada por usted, No recibí contestación alguna a la carta que le mande anteriormente, ¿Se habrá perdido la carta o se habrá perdido usted?, no sea cruel, sabe que me gustaría saber de su vida y de su Latinoamérica.
   Espero que no le haya molestado mi negativa a contactarnos a través de Internet, la verdad que no deja de sorprenderme su propuesta, siempre tuvo esa forma de ver la vida tan transgresora, y ahora me dice que  chateemos, continuo firme y negándome a ese tipo de contactos, tengo miedo que deje de escribirme y se vuelva cómodo. Me gusta leer sus cartas, su letra, saber que el papelito ese que dio tantas vueltas para llegar a mí, en algún momento estuvo en sus manos.  Suelo esperar al cartero, ansiosa por recibir noticias suyas, por saber que en algún momentito de su viaje pensó en mí.
   A veces sueño que tocan la puerta, yo estoy toda despeinada y con mis pantalones rayados, esos que uso para dormir, y  así sorprendentemente está usted, con una sonrisa y una bolsito lleno de ropa. Me encantan esos sueños, pero cuando me despierto y recuerdo que está lejos, me pongo triste,  sé que es egoísta de mi parte, porque usted está haciendo lo que siempre quiso, y también sé que debería estar feliz, de hecho lo estoy, pero lo extraño y este es el momento que empiezo a llorar.
      Escríbame, o por lo menos mándame una fotito de esas tan lindas que saca. Abrazos para usted y la gente linda que se encuentra en su camino.
                                                                                                                                           Simone.

jueves, 23 de agosto de 2012

Contradicciones

Desperté bañada en sudor, asustada. El ver que me encontraba en mi cuarto me dio tranquilidad
  Bajé a la cocina buscando a mi madre o a mi hermana, me encontré con una nota pegada en la heladera:

   Nos fuimos a lo de la Tía Elsa, no te olvides de ordenar tus cosas antes de salir.

   Era común encontrarme con ese tipo de notas, de hecho me encantaba que las de dejaran, significaba que no tendría que cruzarme con ellas ni escuchar los sermones de mi madre, ni las quejas de mi hermana. En aquel momento ellas eran muy unidas, parecían indisociables, o estaban las dos o no estaba ninguna, opinaban igual  y vivían dándome órdenes sobre lo que debía o no hacer.
   No comprendía a mi hermana, como podía pasar tanto tiempo con aquella mujer, yo no soportaba ni cruzármela quince minutos al día, por esa misma razón me la pasaba lejos de casa, la mayoría de las veces ni siquiera iba a dormir, solía quedarme en lo de Nadina, evidentemente a ellas no les importaba demasiado mi actitud indiferente.
   Abrí la heladera buscando algo fresco, como de costumbre estaba vacía. Mi cabeza parecía partirse en dos, el dolor era realmente desagradable y tenía muchas ganas de vomitar. Me tome una aspirina y volví a acostarme. Dormir me resulto imposible, las imágenes de la noche anterior empezaron a rondar en mi mente. Poco a poco fui recordando, tragos, gente, amigas, chico pálido. Y ahí me detuve, mi corazón comenzó a palpitar fuertemente,  recordé aquella  mano sobre la mía. La mano de Simone. Quise desviar mi pensamiento y no recordar mis sentimientos de aquella noche. Me dije a mi misma que era imposible, absurdo  el hecho de que me guste esa chica. Seguramente el alcohol había alterado mi pensar, era la primera vez que bebía en esa forma y me alcoholizaba. Probablemente era una especie de admiración, ¿gustarme una mujer?, eso era improbable, de hecho me había ido con Pedro.
   Me recuerdo en la soledad de mi cuarto, avergonzada por mis pensamientos, queriendo huir, borrar todo lo que había pasado, intenté olvidar, solo conseguí dar vueltas en la cama, no había forma  de lograr dormir. Decidí levantarme, y darme un baño.  Luego tomé el libro que estaba bajo mi almohada y salí de la casa.    

domingo, 19 de agosto de 2012

De peces que quieren ser aves

  
Pedro me acompaño hasta la puerta, sonrió y se marcho sin decir palabra. Cansada me deje caer en la cama, sin secarme ni quitarme la ropa.

   Brunella navega, navega sobre su barquito de papel.
   El timón es pesado y el mar amenaza con volcar la embarcación.
   Solo oye la tempestad y siente las pesadas gotas sobre su cara
   Quiere girar el timón,
   quiere alejarse de su tormenta.
   El barco esta varado,
   Brunella intenta luchar, todo parece imposible.
   Dispuesta a vencerse mira hacia el cielo
   y se pregunta ¿por que?.
  ¿Por qué está detenida?
   El cielo es de un gris oscuro
   y en ese cielo oscuro
   solo hay un ave,
   vuela dando giros sobre el barco
   Brunella solo quiere ser  pájaro.

viernes, 17 de agosto de 2012

Dejame ser niña una niña una vez más

   Permanecimos tomadas de la mano unos pocos segundos, pero ese pequeño momento se multiplicó  en lo profundo de mí ser hasta alcanzar el infinito.
   Ella solo me miraba y sonreía, su rostro era calmo y sereno, como el mar en verano cuando amanece. Yo en cambio temblaba,  nerviosa e insegura, sin embargo esa energía que se movilizaba  en mi interior hacía que me sintiera realmente bien.
   Esa magia pronto se desvaneció,  sin decir nada Simone me soltó. Se dirigió hacia el chico con el que había llegado, le dijo algo en el oído, se rieron y luego se fueron del lugar.
   Yo me quede perpleja, muda, sin comprender la situación. Esa sensación de conexión que minutos atrás había sentido entre nosotras, parecía ahora muy lejana. Simone solo se burlaba de mí.   
   Camine hacia la puerta, buscando soluciones  para llegar a mi casa, había gastado el poco dinero que tenía en unos tragos, debería caminar. Estaba absorta en mis pensamientos, cuando tocaron mi espalda, era el chico de cara blanca con el que había bailado toda la noche.
       - Yo te acompaño- dijo sonriente y me tomo de la mano.
  Salimos del lugar, la lluvia había empeorado y el frío de la costa se hacía sentir en la piel y los huesos. El mar se mostraba revoltoso, el viejo muelle  parecía una estructura de cartón a punto de disolverse entre la tempestad y las olas.
    Abrazados corrimos hasta la parada de taxis, tomamos uno y respiramos aliviados. Íbamos silenciosos en el interior de ese coche viejo, yo pensaba en Simone, cuando me interrumpieron.
-          No nos presentamos- me dijo mi compañero de baile sentado ahora a mi costado.
-          Brunella, que extraño, bailar toda la noche con un extraño, tomar un taxi, y no saber ni el nombre, como para que se enteren mis padres.
-          Yo soy Pedro.
Pedro comenzó a revisar entre sus bolsillos, y con cara preocupada dijo:
-          Perdí la billetera en el bar, no tengo plata para pagarle al taxista
-          ¿Cómo que perdiste la billetera? yo no tengo un peso.
El taxista que estaba escuchando la conversación, inmediatamente frenó el auto y nos obligo a bajarnos.  La lluvia continuaba, pero el viento y el frío eran menores que en la costa. Empezamos a caminar, yo maldecía en mi interior y me lamentaba por haberme alejado de mis amigas. Pedro en cambio parecía tranquilo, se mostraba sonriente, me miró me tomo de la mano nuevamente y comenzó a correr. Luego de dos cuadras llegamos a una plaza, solo tenía dos hamacas y un tobogán, nos sentamos en las hamacas y empezamos a reírnos, era tan hermoso sentir la lluvia sobre mí,  lo ridículo de la escena generaba en mí una diversión que hacía mucho no experimentaba. Mientras me balanceaba en aquella tormenta volví a sentir en mi a aquella pequeña niña, si... ella aún vivia en mi interior.

lunes, 19 de marzo de 2012

Inconsistencias


Fue la noche más lluviosa de aquel otoño, sin embargo, a los que estábamos adentro del bar eso parecía sernos indiferente. Las cosas en el lugar se me aparecían similar al orden de lo sobrenatural. Como en un sueño, en el cual uno no tiene voluntad ni capacidad de elegir, mis movimientos y mis actos se producían sin mi consentimiento.
Las horas pasaban sin que fuera consciente del tiempo, sentía el ritmo de la música y la presencia de Simone muy cerca de mí. No la miraba, sin embargo sabía que sus ojos estaban puestos en mí.
Así me encontraba yo, en un baile extasiado y furioso cuando él se acerco. El movimiento de su cuerpo y el mío armonizaban perfectamente. Solo me deje llevar, en aquel momento mi mente se apagó, yo solo era piel, brazos, manos, en un fluir constante,
Continuamos bailando hasta que las luces se encendieron, el destello de su fuerza sobre mis parpados me hicieron despertar del trance. . Fue en aquel momento cuando observe el rostro de aquel extraño con quien había bailado toda la noche. Cara blanca, ojos sin gracia, nada que retuviera mi atención.

- Parece que sigue lloviendo- dijo , luego largo una sonrisa.
- Es verdad- Respondí de manera fugaz, ya nada tenía que hacer parada a su lado. Busque a mis amigas en el lugar, ya no estaban.
- Si queres podemos tomarnos un taxi.
- Dale, lo compartimos, yo voy a mi casa... vos a la tuya- No me importaba disimular, que fuera consciente, de que no me interesaba en lo más mínimo.
- Tenía otra idea, pero como quieras, tendría que buscar a un amigo. Estaba con una chica, el es alto, y la chica tenía un sombrero raro.

¿Sombrero? Recién es ese momento me dí cuenta de que había perdido a Simone de vista. ¿Acaso su amigo estaría con Simone? No alcance a intentar responderme esta pregunta
cuando vi a un chico de tremenda estatura ( si que era alto) acercarse a nosotros, de la mano la traía a Simone, realmente parecía que la estaba arrastrando.

- Te estaba buscando. Le dijo el alto al chico a mi lado.

Se pusieron a hablar entre ellos. Mientras tanto yo y Simone quedamos enfrentadas, mirándonos, sin decir nada.
Volví a sentir su presencia, sentí que emanaba una energía que me hacía irremediablemente querer acercarme, sin embargo mi cuerpo estaba inmovilizado. Ella sin embargo, se mostraba sublime. Quise decir algo, imposible, estaba bloqueada. Me miró y sonrió nuevamente, se acercó a mí y me tomo de la mano.

- Hola, Simone, mucho gusto, usted es...- Levantó la cejas, esperando una respuesta.
- Bru.. Brunella- lo único que pude decir. tenía la posibilidad de hablarle y solo pude decir mi nombre mediocremente.
Todo era hermoso mientras ella me sujetaba. Sentí su mano suave sobre la mía, solo deseaba quedarme así, sintiéndola, sin que nada importara, ni la escuela, ni el taxi, ni la lluvia, solo Simone y yo tomadas de la mano. Comprendí así que con ella todo podía suceder, la inconsistencias de las cosas, a su lado, no existían.